lunes, 24 de noviembre de 2008

Prefiero ser un perro


“El hombre está condenado a elegir”. Esta frase afirma que durante toda nuestra existencia nos encontramos frente a la disyuntiva de hacer o no hacer algo. “Ser o no ser, he ahí el dilema”, decía Shakespeare en Hamlet. Lo que hacemos de nuestras vidas, como actuamos, ¿Está condicionado por el destino? ¿O nosotros mismos lo determinamos por medio de la facultad que “Dios” nos dio de elegir y dirigir nuestra vida como queramos, libremente? ¿Predestinación o Libre albedrío?
Ésta es la pregunta que durante siglos han tratado de responder muchos científicos, filósofos y pensadores, sin llegar a una verdad satisfactoriamente cierta. Yo no espero encontrar una respuesta a esta pregunta, pero sí hay algo que no puedo dejar de decir frente a éstas dos posturas.
Si un “Dios” bondadoso fue el que nos creó junto con un destino que regirá nuestra existencia y nuestro paso por éste mundo se explicarían muchas cosas. Frases como “Que sea la voluntad de Dios” o “Que sea lo que dios tenga preparado para mí” corroborarían esta sentencia. Pero yo me hago el siguiente cuestionamiento: ¿Es de verdad este Dios que nos regala la vida y nuestro destino tan bondadoso y bueno como se nos plantea? ¿Es de verdad el destino lo que nos mueve, o es sólo lo que Saramago planteó como el “Factor dios”? Basta echar un vistazo a la historia de la humanidad para ver lo “bueno y bondadoso” que ha sido “Dios”, pues seguramente estaba predestinado que se produjera el exterminio judío, miserablemente bajo el amparo de Hitler y los nazis. Seguramente estaba predestinado que líderes corruptos y autoritarios azotaran a los pueblos y desamparados con su opresión e injusticia. O estaba en el destino de todos los nacidos en el África subsahariana el vivir entre miserias y hambrunas, y estar metidos en un hoyo del que resulta casi imposible salir, sin dejar de lados muchas otros sucesos en la historia del hombre. Y no solo hablo del dios cristiano, también el de otras culturas. Ahí esta el caso del Dios Júpiter quien le dio al mundo a Pandora y su caja, donde están guardados todos los males y pesares que azotan al mundo, en una clara referencia a la constante luchas del ser humano contra las fuerzas del destino que sin duda alguna parece ser el que “Dios” quiere para nosotros: La autodestrucción.
Ahora vamos a la otra postura: Poseemos la libertad de forjar nuestro propio destino. El libre albedrío. Yo me pregunto: ¿Hasta que punto somos libres de elegir? ¿Acaso las leyes y la moral no limitan nuestras acciones? Si acaso llegas a romper las normas o leyes para sentirte libre, ¿no te tildan de ilegal o inmoral? Lo que nos diferencia de los animales o niños pequeños es que podemos utilizar nuestra conciencia, lo que nos permite elegir, y usar nuestra libertad. Yo no me siento libre, al contrario, siento que la sociedad y su moral es quien me manda y me dice lo que debo y no debo hacer. Buscar un trabajo, ir a misa, ser fiel, paga tus deudas, compra, compra, compra, estudia, se responsable… tener que dar excusas de lo que haces o dejas de hacer. En ocasiones siento que los niños son más libres que nosotros. Sólo siguen sus instintos, comen, duermen, luego comen y vuelven a dormir. No deben responderle a nadie. Y el caso de los animales: ¡Qué mas libre que un pájaro que vuela libre por los cielos, o un pez que posee el mar a sus anchas!. En ocasiones prefiero ser un perro, dormir cuando quisiese, comer lo que quisiese y cagarme en los jardines de los que hace uso de su “libertad” para cagarse a los demás, simplemente hacerlo sin tener que darle explicaciones a nadie. No creo en la libertad. Miro a mi alrededor y de verdad prefiero ser un perro.


Felipe Hugo

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